Errores de omisión

                                             

Errores de omisión: lo que cuesta no animarse

No invertir parece la opción más segura. Pero tiene un costo que no figura en ningún resumen de cuenta y que, con los años, puede terminar siendo el más caro de todos.

En octubre de 2020, un amigo estuvo a punto de comprar acciones de Microsoft. Cotizaban a unos 200 dólares cada una. Lo pensó, lo volvió a pensar… y dudó. "¿Y si baja?". Decidió esperar.

Un año después, la acción ya valía casi 300 dólares. Se lamentó, pero tampoco compró: "Cuando vuelva a 200, entro".

Nunca volvió a 200. Este año tuvo una caída fuerte y llegó a tocar los 350 dólares, pero mi amigo tampoco se animó: "¿Y si sigue bajando?".

Hoy, en octubre de 2026, la acción de Microsoft cotiza por encima de los 520 dólares. Cada vez que nos juntamos y la charla va para el lado de las inversiones, el tema aparece solo. Y él siempre dice lo mismo: "Sabía que me podía pasar, pero me daba miedo perder".

📊 El dato: quien hubiera invertido US$ 1.000 en Microsoft en octubre de 2020 hoy tendría cerca de US$ 2.590, sin contar los dividendos que la empresa pagó en el camino.

Una pregunta antes de seguir

Tomate un segundo y pensalo: ¿no haber comprado protegió a mi amigo de perder plata?

Es cierto que no perdió ni un peso de su bolsillo. Pero algo perdió, ¿no? Y eso que perdió tiene nombre.

El costo que nadie ve

Charlie Munger fue durante décadas el socio y la mano derecha de Warren Buffett, y uno de los inversores más respetados de la historia. Murió en 2023, a los 99 años, y nos dejó una enseñanza tan simple como poderosa. Según él, al invertir hay dos tipos de errores:

  • Errores de comisión: hacer algo que sale mal. Por ejemplo, comprar una acción que después baja. Se ven, duelen y quedan registrados.
  • Errores de omisión: no hacer algo que convenía hacer. Quedarse quieto frente a una oportunidad clara. No aparecen en ningún lado… pero cuestan, y mucho.

En la asamblea de accionistas de Berkshire Hathaway de 2001, Munger lo dijo así:

"Los errores más extremos de la historia de Berkshire son errores de omisión. No aparecen en nuestras cifras. Aparecen en los costos de oportunidad."

¿Y qué es el costo de oportunidad? Es lo que dejás de ganar por la opción que no elegiste. Ese costo no figura en ningún extracto bancario, pero es tan real como cualquier pérdida.

Cada vez que leo esa frase de Munger me acuerdo de algo que todos dijimos alguna vez: prefiero equivocarme por hacer, y no quedarme con la duda de qué hubiera pasado si me animaba.

Hasta los mejores se quedaron quietos

Lo más interesante es que Munger no hablaba de otros. Hablaba de él.

El caso Belridge Oil. Hace muchos años le ofrecieron 300 acciones de Belridge Oil, una petrolera de California. Las compró. A los pocos días le ofrecieron 1.500 acciones más, al mismo precio. Pero esta vez, para comprarlas, tenía que vender otra cosa. Lo pensó y dijo que no.

En 1979, Shell compró Belridge por unos 3.600 millones de dólares, pagando por cada acción unas 30 veces lo que le habían ofrecido a Munger. Con el tiempo, él mismo calculó que aquel "no" le terminó costando alrededor de 5.000 millones de dólares. Esa cifra no figura en ningún balance. Solo en su memoria.

El caso Google. Munger y Buffett vieron de cerca, a través de su aseguradora GEICO, lo bien que funcionaba la publicidad de Google. Lo entendían, y aun así no compraron. Años después, Munger lo admitió en público: dijo que se habían quedado "chupándose el dedo" y que se habían equivocado.

Sí: dos de los inversores más exitosos de la historia también se quedaron alguna vez del lado de afuera por dudar.

Los dos errores más comunes

En esa misma asamblea de 2001, Munger resumió los dos errores que más cuestan al invertir:

  1. No hacer nada cuando aparece una oportunidad clara. Es lo que Buffett llamaba "chuparse el dedo".
  2. Invertir con cuentagotas en algo en lo que convenía poner mucho más.

Entonces, ¿hay que comprar todo lo que suba?

No. Y es importante decirlo.

Mirar para atrás es fácil: en 2020 nadie sabía con certeza que Microsoft iba a valer más del doble seis años después. Por eso Munger y Buffett también insistían en invertir dentro de tu "círculo de competencia", es decir, en lo que entendés. No se trata de tirarse a la pileta sin saber nadar, sino de aprender a nadar en vez de quedarse para siempre mirando desde el borde.

Lo que sí sabemos es que quedarse siempre afuera también tiene un costo. Y en Argentina lo conocemos bien: los ahorros quietos en pesos pierden valor año tras año frente a la inflación. No invertir también es una decisión, y también tiene consecuencias.

La buena noticia es que el círculo de competencia no es fijo. Se agranda cada vez que aprendés algo nuevo.

Tu primer paso

Invertir no está reservado para gente con mucha plata, mucho tiempo o un título en finanzas. Hoy cualquiera puede empezar, y el mejor momento para aprender es ahora:

  • Empezá por entender. No hace falta saberlo todo, alcanza con conocer lo básico de lo que vas a hacer: qué estás comprando y por qué.
  • Empezá con poco. No necesitás un gran capital. Por ejemplo, a través de los CEDEARs podés invertir desde Argentina en empresas como Microsoft con montos chicos y en pesos.
  • Pensá en años, no en semanas. Las caídas van a llegar. Lo que hace la diferencia es el tiempo que te quedás.
  • No lo hagas solo. Preguntá, leé, buscá acompañamiento. Para eso estamos.

El mundo de las inversiones no es un club exclusivo. Es un lugar que te está esperando, y también puede ser para vos.

No te quedes como mi amigo, chupándote el dedo. Animate a dar el primer paso.


Microsoft se usa en esta nota solo como ejemplo para explicar un concepto, y no es una recomendación de compra. Los rendimientos pasados no garantizan rendimientos futuros, y toda inversión implica riesgos. Precios de referencia al cierre del 23 de octubre de 2026.