Invertir en commodities
Cuando se conoció la captura de Maduro por parte de Estados
Unidos, muchos pensamos lo mismo: ¿Cómo afectará esto al petróleo? ¿Y al
mercado en general?
EEUU interviniendo directamente en un país petrolero tomando
por la fuerza a su Presidente. Tensión geopolítica en su máxima expresión. Históricamente,
noticias así hacían saltar los precios. Sin embargo, el petróleo casi ni se
inmutó.
Esa quietud hace más ruido que mil titulares. Porque si una
noticia de este calibre no sacude al mercado, la pregunta deja de ser “¿Qué va
a pasar con Venezuela?”, y pasa a ser otra mucho más interesante: ¿Qué es lo
que hoy realmente mueve al mercado?
Vivimos en un contexto muy incomodo e inestable. Por un lado,
la geopolítica. Países que hoy se enfrentan y mañana negocian, guerras
que no se resuelven, tensiones comerciales, sanciones, amenazas constantes y
alianzas que se dan según convenga.
Por otro lado, la economía:
-
Tasas
de interés que subieron fuerte y nadie sabe cuándo ni cuánto van a bajar,
-
Mercados
accionarios en niveles muy altos, muchos de ellos en máximos históricos, que
generan más dudas que entusiasmo,
-
Inflación
que bajó en algunos lugares, pero no termina de desaparecer,
-
Inteligencia
Artificial creciendo a un ritmo que exige más energía, más infraestructura y
más recursos físicos.
Y en el medio, la pregunta de siempre, pero cada vez más difícil
de responder: ¿Dónde pongo mis ahorros?
El oro y la plata subieron mucho en los últimos años, en
parte como respuesta a este clima de incertidumbre global. Funcionaron como
refugio. Pero justamente por eso, muchos sienten que ya subieron demasiado.
Y ahí aparecen como alternativa: los commodities.
Primero lo primero: ¿Qué son los commodities?
Un commodity es un producto básico, sin marca, que no importa
quien lo produzca siempre es más o menos igual.
Petróleo, trigo, cobre, gas, oro, soja, etc. No importa si el
petróleo lo saca una empresa u otra. Sigue siendo petróleo.
El pan necesita trigo. El trigo será ese bien superior que
sirve de base para elaborar lo que los austríacos llaman: bienes inferiores,
como el pan por ejemplo. Pan hay de muchas marcas y tipos. El trigo es trigo.
¿Por qué son importantes? Porque justamente son la base de
todo. Los commodities no son el consumo final. Son el insumo. Y cuando los
insumos cambian de precio, tarde o temprano eso se siente en toda la economía.
Históricamente, las materias primas suelen comportarse bien
cuando la inflación se torna un problema persistente. No porque sean mágicas,
sino porque están muchas veces en el origen del problema. Dicho simple: Los
commodities suelen ser también un refugio en tiempos de inflación.
También funcionan bien en contextos de tasas bajas. Cuando
las tasas comienzan a bajar, los activos físicos suelen recuperar protagonismo
porque ya el dinero deja de rendir estando quieto a tasa de interés en un bono
del Estado.
Nada de esto garantiza ganancias. Pero explica por qué, en
ciertos momentos del ciclo, las commodities vuelven a escena.
Durante años, invertir en commodities fue casi un acto de fe.
Había que soportar largos períodos de frustración, precios planchados y una
volatilidad que no era para cualquiera. El ejemplo más gráfico quedó grabado en
la memoria colectiva: en 2020, en plena pandemia, un barril de petróleo llegó a
valer menos que un barbijo. En ese momento, nadie quería saber nada con
energía, con recursos naturales, con economía “real”. Todo parecía girar
alrededor de lo digital, lo financiero, lo liviano.
Cinco años después, el mundo es otro. No porque sea más
estable, sino porque es mucho más incómodo.
Ahora bien, volvamos al punto inicial de esta nota. Muchos ya
dan por hecho que, si EEUU pasa a controlar el petróleo venezolano,
habrá mucha más oferta y el precio bajará. Como teoría de oferta y demanda
suena razonable.
El problema es que los mercados no viven de teorías. Viven de
realidades, fricciones y expectativas. Para que esa mayor oferta exista en la
realidad tienen que pasar muchas cosas: infraestructura, acuerdos, inversiones,
estabilidad política, logística. Nada de eso ocurre de un día para el otro y
recordemos además que Trump no puede ser reelecto. ¿Cuánto de todas estas
luchas seguirán en pie? Tarifas, amenazas, Venezuela, etc.
El hecho de que el precio del petróleo no se haya movido con la
noticia de Maduro es quizás una muestra de que el precio estaba en un valor
razonable. Sin sobreprecios. El mercado está leyendo que, por ahora, la oferta
global alcanza. Mientras tanto, el mundo sigue demandando energía. La
transición energética convive con una realidad incómoda: Todavía nos quedan
años de dependencia del petróleo y del gas porque es imposible reemplazar de
golpe todo lo que sostiene al sistema. Por eso también el petróleo no se movió
pensando en lo que a futuro pueda pasar con el petróleo venezolano en manos de
EEUU.
Hablamos de equilibrios. De oferta y demanda. Con los
metales industriales se presenta una situación silenciosa pero determinante. El
caso del cobre por ejemplo, no sale en los diarios. No genera debates
políticos ni tiene el glamour de otros como el Litio. Pero está presente en
todos lados. En los cables, en las redes eléctricas, en los autos eléctricos,
en los data centers. Si el mundo quiere más tecnología, mas electrificación y
mas infraestructura, necesita más cobre. Mas allá de la fuente generadora de
energía.
La oferta, en cambio, no crece al mismo ritmo. Abrir una mina
lleva años. Resolver problemas ambientales, sociales y logísticos no es
inmediato. Ahí aparece una tensión en el equilibrio entre lo que se necesita y
lo que se puede producir.
Algo similar a lo que sucede con el cobre lo tenemos en el aluminio.
El aluminio es un caso interesante porque hoy está parado en una especie de
“calma tensa” entre oferta y demanda. La demanda estructural sigue creciendo de
manera bastante silenciosa: electrificación, energías renovables, vehículos
eléctricos, redes, construcción liviana y sustitución de materiales más pesados
explican por qué el aluminio es cada vez más usado. No es una demanda
especulativa, es funcional. Del lado de la oferta, en cambio, el aluminio
enfrenta límites claros: producirlo es extremadamente intensivo en energía, y
con costos eléctricos altos y presiones ambientales crecientes, no es tan fácil
ni rápido expandir capacidad. China, que domina buena parte de la producción
mundial, ya no puede crecer sin restricciones como antes, y muchas plantas marginales
quedan fuera cuando la energía sube. Hoy el precio no refleja escasez aguda,
pero tampoco abundancia cómoda; refleja equilibrio frágil. Eso es justamente lo
que lo vuelve interesante como inversión de ciclo: no es una apuesta explosiva
de corto plazo, pero sí un commodity con fundamentos sólidos si la demanda
vinculada a electrificación e infraestructura sigue firme y la oferta continúa
condicionada.
Siguiendo con el resto de los commodities, pasamos al agro.
Otro que no es glamoroso, no promete historias épicas, pero tiene algo que
pocos activos tienen: demanda constante. La gente come todos los días. Con
inflación, sin inflación, con crecimiento o con crisis. El clima, la logística
y la geopolítica pueden afectar la oferta, pero la demanda no desaparece nunca.
Por eso, muchas veces, los alimentos funcionan como amortiguador en contextos
turbulentos.
El oro y la plata merecen una lectura distinta.
El oro no es tanto un commodity productivo como una reserva de confianza. Suele
funcionar mejor cuando el problema es monetario, cuando hay dudas sobre las
monedas y los bancos centrales. La plata, en cambio, suele ser más volátil por
tener un pie en el mundo industrial y ser más sensible a los ciclos de
producción.
Y después están las historias que suenan en todos lados: litio,
uranio. Son historias de largo plazo, con mucho potencial, pero también
con mucha expectativa ya incorporada en los precios. El litio pasó de ser la
estrella absoluta a desplomarse en pocos años. Hoy está mucho más abajo, lo que
reduce el riesgo de euforia, pero no elimina la volatilidad. El uranio,
empujado por el regreso de la energía nuclear como alternativa limpia y estable,
tuvo un rally fuerte y luego corrigió. No son el núcleo de una cartera. Son
complementos, para quien tolera movimientos bruscos y piensa a muchos años.
Entonces, ¿Qué hacer con todo esto?
La clave no está en elegir “el commodity ganador”. Eso suele
terminar mal. La clave está en entender que, en ciertos momentos del ciclo, el
conjunto empieza a tener sentido. Una exposición diversificada a materias
primas no depende de que el petróleo suba mañana o de que el cobre explote el
mes que viene. Depende de algo más estructural: que el mundo siga necesitando
cosas reales para funcionar, incluso cuando todo lo demás parece incierto.
Por eso, cuando alguien se pregunta si los commodities pueden
ser una oportunidad hoy, la respuesta honesta no es un sí rotundo ni un no
tajante. Es otra pregunta: ¿tiene sentido atravesar este contexto sin tener
nada vinculado a lo que el mundo produce, transporta, consume y transforma?
Tal vez el mayor riesgo no sea equivocarse con el timing.
Tal vez el mayor riesgo sea seguir mirando solo activos financieros en un mundo
cada vez más físico.
Y eso, más que una recomendación, es una invitación a pensar
distinto dónde poner los ahorros.
Cómo invertimos
La inversión en commodities, por su volatilidad, no debería
nunca superar el 30% de una cartera.
Por otro lado, un error típico seria decir: “me la juego
toda al petróleo” o “este es el año del cobre”. Eso sería una
apuesta.
La lógica correcta es combinar cinco bloques distintos:
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Energía
(corazón del sistema productivo) – Petróleo y Gas, son quienes
hoy sostienen todo.
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Metales
industriales (Crecimiento físico del futuro: infraestructura + IA) – Cobre
y Aluminio son la base de la electrificación, la infraestructura y el
desarrollo de la inteligencia artificial.
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Commodities
temáticos – Litio y Uranio, apuestas de más largo plazo ligadas a
cambios estructurales en la matriz energética.
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Commodities
agropecuarios – Granos y alimentos, que no dependen tanto del ciclo
financiero sino de una demanda constante y básica.
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Activos
monetarios – Oro y Plata, como reserva de valor y amortiguador
frente a crisis monetarias o financieras.
Durante mucho tiempo las commodities quedaron en un segundo
plano. No porque dejaran de ser importantes, sino porque el mercado estuvo
ocupado mirando otras cosas: tecnología, tasas, expectativas, promesas.
Mientras tanto, la energía siguió moviendo al mundo, los metales siguieron
construyéndolo y los alimentos siguieron siendo indispensables.
Quizás no se trate de “apostar” a las commodities, sino de volver a mirarlas cuando el resto ya fue mirado demasiado. Los ciclos no avisan, pero suelen repetirse. Y en ese volver a mirarlas, tal vez empiece a aparecer una oportunidad que todavía no está del todo reflejada en los precios.



