El arquitecto de tus finanzas

 


Hace unos meses tuve la suerte y el privilegio de estar en Barcelona. Durante un par de días me dediqué a conocer la obra de Gaudí.

Para quienes no lo conozcan, Antoni Gaudí fue un arquitecto catalán que cambió para siempre la forma en que entendemos la arquitectura. Nació en 1852 y murió en 1926, pero su obra parece estar diseñada para el futuro.

Mientras la arquitectura tradicional trabajaba con líneas rectas y simetrías rígidas, Gaudí miraba la naturaleza. Decía que en ella no existen las líneas rectas, y por eso sus obras parecen crecer como árboles desde el suelo. Su obra más famosa es la Basílica de la Sagrada Familia, una iglesia monumental en Barcelona que sigue en construcción más de un siglo después.

¿Qué hago contándoles de mi viaje a Barcelona y de Gaudí en un Blog de Finanzas? Les explico: encontré en la filosofía de Gaudí muchas semejanzas con la gestión de un patrimonio. Acompáñenme en este recorrido por Barcelona que les hago de guía financiero.

 

Comienzo del recorrido.

Cuando caminas por Barcelona y te encontras frente a la Sagrada Familia, lo primero que te impacta es que no parece construida, sino que parece haber nacido de la tierra. Es distinta a todo lo que conocemos porque Gaudí no diseñaba para el presente, ni siquiera para su propia vida. Diseñaba para la posteridad. Quienes tuvieron oportunidad de conocerla sabrán de qué les hablo, y quienes no, pueden googlearla y ver algunas imágenes. Nada de líneas rectas y columnas que parecen árboles que se elevan y se ramifican en los extremos.

La Basílica fue concebida en tonos claros, casi neutros. Gaudí lo quiso así deliberadamente, quería que el verdadero color no estuviera en las paredes, sino en la luz del sol. Cuando el sol atraviesa los vitrales, el interior se transforma. La piedra pálida se convierte en un lienzo vivo que va cambiando de colores durante todo el día según como van dando los rayos del sol. Gaudí no impone el color… lo deja entrar.

En el mundo de las finanzas y la consultoría, a menudo nos obsesionamos con el rendimiento de acá a un mes o dos meses. Vivimos pendiente de lo diario y solo pensamos a corto plazo. Sin embargo, el verdadero éxito se parece más a la estrategia de Gaudí: construir estructuras financieras y carteras de inversión que no dependan de nuestra presencia constante ni de la euforia del momento, sino de una base técnica sólida que soporte el paso del tiempo. Y de cualquier tiempo. Se los explico a continuación.

 

El primer trazo

La genialidad de Gaudí no estaba en los adornos, sino en la fase previa: el diseño de la estructura. Pasó años creando maquetas de cables y pesas para entender cómo la gravedad afectaría a sus construcciones décadas después. Sabía que, si el diseño original era perfecto, la obra podía seguir creciendo sola, incluso sin él.

En finanzas a menudo cometemos el error de “estar encima” de las inversiones de forma reactiva, poniendo parches en los errores sobre la marcha, cuando en realidad el máximo esfuerzo debería estar en el diseño inicial de una cartera.

Una cartera bien diseñada no necesita vigilancia continua. Si el análisis de riesgo, la selección de activos, la diversificación y la visión de largo plazo están correctamente alineados desde el primer día, el patrimonio adquiere una inercia propia y podremos dedicar nuestro tiempo a otras cosas y no a seguir de cerca las noticias y los mercados.

Gaudí nos enseña que la libertad no viene de la improvisación, sino de un plan tan sólido que se vuelve autónomo.

 

Construir para lo que viene

Gaudí murió antes de ver terminada su obra maestra, pero eso no detuvo la construcción. Dejó un sistema, una lógica y una estructura que sus sucesores simplemente tuvieron que seguir.

Esa es la meta última en la gestión de patrimonios: diseñar estructuras financieras tan robustas y coherentes que, una vez puestas en marcha, su éxito sea consecuencia natural de su diseño original. Por eso es que el momento cero es clave a la hora de empezar a invertir. Definir los objetivos que se quieren alcanzar, los plazos asociados a esos objetivos y diseñar una cartera bien pensada que sea capaz de manejarse con “piloto automático”, sin preocuparse por euforias, crisis, malas noticias ni falta de tiempo.

A veces cuesta dedicarle tiempo a nuestras finanzas y lo dejamos al azar, o lo vamos construyendo sobre la marcha, como salga. Eso con el tiempo termina haciendo que estemos mucho más encima de nuestras inversiones, ajustando de acuerdo a lo que vaya sucediendo. Consumiendo mucho más tiempo y por lo general sin buenos resultados. Si, en cambio, le dedicáramos un tiempo al diseño inicial de cómo vamos a invertir, en la elaboración de un plan estratégico, ese plan se termina ejecutando solo. Como las obras de Gaudí.

Gaudí solía decir que su cliente (Dios) no tenía prisa. A veces, en el mundo de las finanzas, nos vendría bien un poco de esa calma. En una época que nos empuja a revisar el teléfono cada cinco minutos esperando que algo cambie, quizás el mayor acto de rebeldía (y de inteligencia) sea diseñar algo tan sólido desde el principio que nuestra única tarea sea, simplemente, dejarlo ser. Al fin y al cabo, las mejores obras no se miden por cuánto las vigilamos, sino por lo bien que se mantienen cuando dejamos de mirarlas.