Invertir en la fiebre de la IA

 



Corría 1848 cuando un carpintero encontró algo brillante en un río de California. No era una pepita cualquiera: era el inicio de lo que se llamó: la fiebre del oro. En cuestión de meses, miles de personas dejaron todo… trabajo, familia, ciudad, y salieron desesperadas hacia el oeste con una sola idea en la cabeza: hacerse ricos.

La escena es fácil de imaginar. Campamentos, mucha gente trabajando, barro, frío, ilusiones desmedidas… pero muy pocos resultados. Porque la realidad fue bastante menos romántica, la mayoría de los buscadores de oro no encontró nada.

Sin embargo hubo gente que sí hizo fortuna. No estaban dentro del río. Ni siquiera buscaban oro. Vendían lo que los demás necesitaban para buscarlo.

El caso más emblemático fue el de Levi Strauss & Co.. Levi nunca tomó una pala para ponerse a excavar. Vendía pantalones resistentes para los mineros. En un contexto donde todos rompían su ropa trabajando en condiciones extremas, ellos capturaban una demanda segura, constante y creciente. Y lo mejor: no dependían de encontrar oro. Dependían de que otros lo intentaran.

A veces el verdadero negocio, el más seguro y rentable, no es el que salta a la vista (como la pepita de oro), sino el que toma un papel mucho menos protagónico y termina siendo un complemento necesario. No todos lo ven. El brillo del oro deslumbra y no deja ver lo que pasa alrededor.

Si traemos esa lógica al presente podemos hacer una analogía. Hoy, el “oro” es la inteligencia artificial.

Las empresas que usamos todos los días: las que hacen los modelos, los chatbots y asistentes, son como los buscadores de oro en el río. Puede que algunas ganen mucho, otras un poco menos y también habrá algunas que desaparezcan. La competencia es brutal, los costos son enormes y el resultado final todavía es incierto.

No sabemos si las empresas que hoy conocemos generando IA se van a llenar de dinero, o si terminarán generando una tecnología tipo commodity, que todos usen, y quien mejor la utilice sea quien más gane.

Pero hay un grupo mucho más silencioso que está haciendo algo parecido a vender pantalones resistentes. Empresas que no compiten por ver quién hace el mejor modelo de IA, sino que venden lo que todos necesitan para desarrollarlos. Sin importar quién termine ganando.

Ahora que conocemos la historia de Levi Strauss, sabemos lo importante de conocer a esas otras empresas con un papel más “secundario”.

Todos vemos la punta del iceberg… ChatGPT, Gemini, o cualquier aplicación que usemos todos los días. Pero debajo de eso hay algo que muy pocos están mirando y que son el sustento para que todo lo demás exista.

Porque para que exista la IA, primero necesitas chips con una potencia enorme. Y ahí aparecen quienes diseñan esos chips, los que lo fabrican, los que hacen las máquinas extremadamente complejas que se necesitan para la fabricación de esos chips, y todavía falta algo más por debajo de todo eso: energía. Todo eso consume una cantidad brutal de energía que, quienes saben del tema, dicen es el verdadero cuello de botella de la IA. Centros de datos gigantes por todo el mundo, funcionando todo el tiempo con una energía que hoy no es capaz de abastecer.

Dicho de manera más simple: no se trata de invertir en la app, sino en todo lo que hace posible que la app exista.

Entre los nombres que aparecen bajo esa punta del iceberg podemos mencionar, a modo de ejemplo: Nvidia, como diseñadora de chips que hacen posible correr modelos IA; Taiwan Semiconductores, que fabrica esos chips con una tecnología que casi nadie tiene; ASML, quien produce las máquinas necesarias para fabricar esos chips avanzados; y por último, pasando a lo que es energía, XLU como el ETF de las empresas de energía eléctrica en su gran mayoría, NextEra quien genera y distribuye electricidad con foco fuerte en energía renovable; Uranio como la fuente de energía constante a la que se puede acceder a través del ETF URA y el cobre, como transmisor de toda esa energía, con empresas como Freeport McMoRan o el ETF COPX.

Copiemos la mirada de Levi Strauss. Mientras todos discuten quién va a ser el ganador de la IA, ya hay otros vendiendo picos y palas.