Cuando el mercado rima
Mark Twain fue escritor,
periodista, inversor, viajero y observador de personas. Pasó la vida mirando
cómo actuamos, cómo repetimos errores y cómo nos convencemos de que esta vez
todo es distinto. Y escribió mucho sobre eso.
Es el autor de Las aventuras
de Tom Sawyer, Las aventuras de Huckleberry Finn, El príncipe y
el mendigo y Un yanqui en la corte del Rey Arturo. Libros escritos
en otro siglo, pero todavía vigentes, porque hablan de lo mismo de siempre:
personas siendo personas.
Twain decía: “la historia no se repite, pero rima”. Con esa frase explicaba que los humanos cambian poco a lo largo de la historia, que por lo general siempre actúan de forma similar ante determinadas situaciones, y cometen errores parecidos (no iguales, pero riman).
Si bien no utilizaba esa frase para hablar de los mercados, bien podría haberlo
hecho, toda vez que a los mercados lo forman personas, con sus emociones, sus
impulsos y motivaciones. Y como tal, como mercado humano que es, continuamente
repite historias que, sin ser exactamente iguales, riman bastante bien.
Twain nació en 1835, cuando
Estados Unidos todavía estaba aprendiendo a ser Estados Unidos. Vio guerras,
crisis, euforias, avances tecnológicos que prometían cambiarlo todo y fracasos
que dejaban a muchos en el camino. Vivió lo suficiente como para entender algo
incómodo: el progreso existe, pero el comportamiento humano no evoluciona al
mismo ritmo.
Por eso sus frases siguen
funcionando hoy. No porque sean ingeniosas —que lo son— sino porque describen
patrones. Y los patrones, en finanzas, importan más que las modas.
Twain desconfiaba profundamente
de las certezas absolutas. Tenía otra frase que se hizo popular: “No es lo
que no sabes lo que te mete en problemas, es lo que crees saber con total
seguridad y resulta no ser cierto”. La mayoría de los errores financieros
no vienen de no saber, sino de creer que sabes claramente lo que estas
haciendo. De creer que lo que esté pasando “esta vez es diferente”. De olvidar
que los ciclos de pesimismo y optimismo se repiten, y que ningún árbol crece
hasta el cielo, y ninguna raíz llega al infierno. Dicho simple: los errores más
graves a la hora de invertir se cometen por “creérsela”.
Mark Twain también fue inversor.
Y no uno particularmente exitoso. Apostó fuerte por inventos “revolucionarios”
de su época que luego no funcionaron. Ese detalle suele omitirse cuando se lo
cita en charlas motivacionales. Pero es el más interesante. Twain no fracasó
por ignorante. Fracasó por humano. Por entusiasmarse, por confiar, por
subestimar los riesgos. Por creérsela. Creemos que sus frases célebres las dijo
luego de haber aprendido la lección, ¿no?
Lo notable es que, aun después de
perder dinero, nunca renegó del aprendizaje. No se volvió cínico. Se volvió más
fino. Más paciente. Empezó a mirar menos la promesa y más el contexto.
En el fondo, Twain entendía algo
clave: el problema no es equivocarse, sino no saber por qué te equivocaste. El
error es parte del camino. La negación, no.
Hay otra frase suya que suele
citarse en el mundo financiero: “El secreto para salir adelante es empezar”.
Suena simple, casi obvia. Pero tiene trampa. Empezar no es invertir en
cualquier cosa. Empezar es asumir que no vas a acertar siempre. Que vas a dudar.
Que vas a cambiar de opinión. Que vas a aprender caminando.
Eso es incómodo para quien busca
certezas. Pero es liberador para quien entiende que invertir no es adivinar el
futuro, sino tomar decisiones razonables con la información disponible,
sabiendo que el futuro siempre va a sorprender.
Twain escribía con ironía porque
sabía que tomarnos demasiado en serio suele ser peligroso. En el mercado pasa
lo mismo. Cuando alguien habla con demasiada seguridad, conviene escuchar con
distancia. Cuando todo parece obvio, suele ser tarde. Y cuando nadie habla de
algo, a veces vale la pena prestar atención.
No hay moraleja cerrada acá.
Twain no las daba. Prefería dejar la idea flotando, incomodando un poco. Tal
vez por eso sigue siendo actual. Porque no te dice qué hacer. Te obliga a
pensar.
Y en un mundo financiero lleno de
recetas rápidas, pensar sigue siendo una ventaja competitiva.



